Aves de Valsaín
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En el entorno de los Montes de Valsaín existen tres núcleos urbanos, el Real Sitio de San Ildefonso más conocido como La Granja, La Pradera de Valsaín y Valsaín. Todos estos núcleos urbanos contienen una fauna, que con un poco de paciencia y dotes de observación podremos descubrir. Aquí hablaremos de sus aves.

Aunque para ver aves pensamos que lo mejor sería los espesos bosques que circundan estos núcleos urbanos, podemos asegurar que un buen puñado de especies, rara vez se alejan de los entornos humanos, aprovechando sus construcciones, su comida o desperdicios o sus vías de comunicación.

 
 

Jardines y palacio del Real Sitio de San Ildefonso

 
   
 

Caminamos ahora por la carretera que atraviesa el pueblo de Valsaín, una atenta mirada al puente sobre el río durante la primavera, nos deparará alguna sorpresa. Pronto vemos que los vencejos comunes (apus apus), esas aves negruzcas y aerodinámicas, aprovechan los pequeños orificios entre las piedras para construir sus nidos y como es primavera no nos será difícil ver como se introducen a enorme velocidad a través de los agujeros para cebar a sus polluelos. Otro ave que no falta en los alrededores del río, bien cazando insectos que sobrevuelan las aguas, bien cogiendo barro de las orillas o los pequeños charcos, es la golondrina (hirundo rustica), la reconocemos claramente por su larga cola y pecho blanco.

Una mirada al prado que se abre al río, nos deja ver al lado de éste durante la primavera, y sobre el asfalto durante el invierno, otro precioso pajarillo blanquinegro de larga cola. Se trata de la lavandera blanca (motacilla alba). La vemos trajinar con su sempiterno movimiento de cola al que hace referencia su nombre científico. En la cuneta de la carretera vemos esos grandes pájaros negros que son las cornejas negras (corvus corone), aprovechando los pequeños animales de las cunetas o cualquier despojo que pueda haber caído allí. Aquí son tremendamente confiadas lejos de sus parientes los que viven en el bosque que no permiten semejantes acercamientos. Seguimos avanzando hacia el interior del pueblo, vemos una nube de pájaros pardos que se persiguen en grupo con ruidosas escaramuzas. Son gorriones comunes (paser domesticus). Vemos a un bonito macho bajando las alas y sacando pecho en actitud de lo más brabucona. Otro grupo de aves negras, anda por el suelo del pequeño prado donde pastan las ovejas, nos fijamos bien y vemos que se trata de grajillas occidentales (corvus monedula), fácilmente reconocibles por su nuca y cabeza grisácea y sus ojos claros.

Vamos a acercanos ahora al viejo palacio. Mientras avanzamos hacia el edificio en ruinas levantamos del suelo un pequeño grupo de palomas domésticas (columba livia), tristemente nombradas con el tópico “ratas aladas”, no puede haber expresión más despectiva para estos animales que trajimos de los cantiles, su hábitat natural, para alimentarnos de sus huevos y pichones y llevar nuestros mensajes y ahora que no nos son de utilidad nos resultan despreciables. En uno de los muros donde se levanta lo que parece una cuadra, un colirrojo tizón (phoenicurus ochruros). Sube y baja el cuerpo continuamente en señal de nerviosismo. Es probable que no muy lejos en alguno de los huecos de piedra esconda sus preciosos polluelos. Por debajo de él y asomando la cara por lo alto de un pequeño muro de piedra, encontramos al mochuelo (athene noctua). Este ave pasa desapercibido con su camuflaje "de piedra", atentamente nos persigue con sus preciosos ojos.

¡Un momento!- decimos al percatarnos de ese piíido fuerte y lastimero, buscamos con nuestros prismáticos a ver de dónde procede y pronto encontramos al autor sobre una de las ventanas de palacio. Se trata de un gorrión chillón (petronia petronia), le vemos volar, grande y colicorto, pensamos que esa silueta no se nos puede olvidar. Sobre los muros aún en pie del palacio vemos sobrevolar un grupo de aves con vuelo rápido, el acercamiento de nuestros prismáticos nos permite identificarlos se trata de aviones comunes (delinchon urbicum), vuelan alrededor de los muros con espectaculares giros capturando los insectos en vuelo, seguro que si continuamos mirando atentamente veremos algún ejemplar de color pardo oliváceo con bonitas ventanas blancas en la cola. Será sin duda el avión roquero (ptyonoprogne rupestris), mucho más escaso en estas tierras. Sobre uno de los muros vemos posado una ave grande, es un pequeño halcón, es, sin duda, el cernícalo vulgar (falco tinnunculus), todo un cazador en miniatura que abunda en nuestros campos de cultivo y que gusta de nuestros viejos edificios para sacar adelante sus pollos. En cuanto ve, que nuestros prismáticos se dirigen hacia el, levanta el vuelo, con rápidos aleteos. Es un ave desconfiada, quizá escarmentada durante muchos años de convivencia con el hombre. Cruzamos el pueblo, por la carretera y seguimos ascendiendo hacia el bosque, en el camino de tierra que sale a nuestra izquierda, corretea un alaudido con cresta, nuestras sospechas iniciales son confirmadas por nuestras lentes: se trata de una cogujada común (galerida cristata). Otra a la que la gustan los caminos, se ve que los insectos que caza para sus pollos son más visibles en la clara arena que entre las hierbas. Se escucha el upupu de la abubilla (upupa epops), ahora la vemos cruzarse, es posible que otro agujero en un viejo muro sirva de cubil a su maloliente nido. ¡Qué hermosos colores, es el continente africano recogido en su plumaje! En la alambrada metálica un pequeño grupo de pequeños pajarillos perchan confiados. Los rojos incendiados de los machos, nos sacan de dudas, se trata de un pequeño grupo de pardillos (carduelis cannabina).

 
   
 

Aves Medio Antrópico - Mochuelo común(Athene noctua)

 
   
 

En la misma valla y a pocos metros reclama con sonido metálico un escribano triguero (emberiza calandra), su sonido es fácil de aprender y nunca se olvida. Estará delimitando un territorio aunque no vemos ningún otro por la zona. En un poste verdoso de esos que ahora tanto gustan poner veo un precioso macho de tarabilla europea (saxicola rubicola). Me acerco hacia el y confiado me deja acercarme hasta 5 metros. ¿Serán los ardores de esta época que lo tienen despistado? Escucho un sonido como acuático inconfundible, se trata de un grupo de abejarucos (merops apiaster), que descansan en los abedules plantados junto al cementerio, es un grupo de rezagados migrantes, que aprovechan la soleada mañana para reponer fuerzas cazando unos insectos antes de partir a su destino. No muy lejos sobre el búnker que nos recuerda la horrible Guerra Civil, canturrea la alondra (alauda arvensis), que visibles se muestran en la época de celo, desparecerán casi por completo de estos bosques en cuanto vuelva el frío. Ya pasado el cementerio, en un zarzal, descubro los preciosos colores del macho de escribano soteño (emberiza cirlus), me deja observarlo a placer durante unos minutos, hasta que en un vuelo rápido se pierde por la ladera hacia el robledal. Ya se va haciendo tarde y decido que un refresco en una de las terrazas de La Granja, le sentarán muy bien a mi seco gaznate, así que vuelvo sobre mis pasos no sin antes divisar dos especies más: una alondra totovía (lullula arborea), que se encarama a una rama desde el suelo después de haberla sobresaltado con mi torpe caminar. La veo inconfundible con esa ceja blanca muy vistosa que recorre su cabeza para unirse en la nuca. Y un pequeño grupito de gorriones molineros (paser montanus). Más agreste que su pariente doméstico no es tan amigo del hombre, y prefiere estos terrenos periféricos para sus andanzas.

Ya en el Real Sitio, y de camino a una terraza, me fijo, a través de la valla, en uno de esos preciosos jardines de una gran casona, donde valiente reclama un petirrojo europeo (erithacus rubecula), tremendamente pendencieros estos pequeños ocupan casi cualquier ecosistema. Al asomar mi carota entre las verjas, veo un mirlo común (turdus merula), peinando el trozo de césped que que amarillea bajo un gran cedro. Una urraca (pica pica), da la alarma ante mi presencia y el mirlo se adentra en un seto de cotoneaster podado con gran destreza.

Ya a la sombra de unos plátanos, disfrutando de un, no sé si tan merecido refresco, oigo el sonido metálico de un macho de verderón común (chloris chloris), seguro que no muy lejos entre unas hiedras, o una tupida arizónica, pronto cebará a sus polluelos. Otro sonido monótono y característico “uh uuuhhh ho”, llega hasta mis oídos, se trata de la tórtola turca (streptopelia decaocto), que se percha en una rama de otro plátano cercano perseguida por otro congénere. Las palomas comunes se suben a mi mesa para disfrutar de las migas de mis cacahuetes y empieza a anochecer con una temperatura envidiable.

Ahora los sonidos de las chovas piquirrojas (pyrrhocorax pyrrhocorax), no son tan intensos como durante el invierno cuando acuden al Real Sitio y a sus jardines, cientos de ellas a dormir, aún así, alguna de las que ahora me sobrevuelan, pasará la noche en los viejos tejados. Ya prácticamente de noche, miro hacia el cielo y lo que en principio pudiera parecer una gaviota se torna a mis ojos con claridad, una preciosa lechuza común (tyto alba), sobrevuela los cielos de La Granja, me pregunto dónde vivirá, dónde criará, con todos los viejos edificios y pajares restaurados, tal vez algún campanario....

De camino al coche y pensando aún en la preciosa dama blanca, el sonido del autillo europeo (otus scops) me reclama, se trata del tono de mi teléfono móvil que no suele confundirse con ningún otro tono, pero esta vez y desde otro precioso jardín, aparece una réplica casi exacta, sin duda un ejemplar nos advierte que aquel es su territorio. Río mientras descuelgo y al otro lado una voz me interroga por mi risa, y todavía con una sonrisa respondo: nada, nada.....

 
   
 

Valsaín

 
   
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