Aves de Valsaín
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El pinar es la masa forestal más importante de los Montes de Valsaín, tanto en proporción numérica, el pino silvestre es la especie arbórea más abundante, como en la económica, pues la madera de pino de Valsaín, con sello de garantía es muy prestigiosa en toda España. Aunque la forma de explotación de las más de 7600 hectáreas de pinar no deja lugar a pinos añejos, pues aproximadamente establece unos periodos de corta de 120 años, la verdad es que estos gozan, en general, de muy buena salud, observándose una gran capacidad de recuperación de la especie en los claros del pinar. El pino silvestre es una especie bastante primitiva, los estudios polínicos parece que dan la razón a aquellos que afirman que se trata de una masa en origen natural, que ha sido favorecida para el aprovechamiento maderero en detrimento del robledal por lo que se puede encontrar en algunos puntos desde los 1200 m llegando en algunas zonas a sobrepasar los 2000 m.s.n.m. El pino de Valsaín, tiende a crecer recto y a perder sus ramas laterales, como consecuencia de la competencia por la luz con sus congéneres, destaca por el tono asalmonado de su corteza. Por defecto, el pinar no tiene una alta biodiversidad vegetal, sin embargo, el hecho de que haya ocupado zonas de robledal y presente numerosas orientaciones, debido a encuadrarse en varios valles, hace que puedan detectarse en el numerosas especies vegetales y animales.

 
   
 

Pinar de Valsaín

 
   
 

Nuestro paseo de hoy va a transcurrir desde la zona más baja del pinar, donde se entremezcla con el roble melojo, subiendo en altura para poder avanzar hasta la parte donde el pino deja su espacio al piornal y al enebral.

Empiezo mi camino despacio con ilusión y mirada inquieta pues el campo siempre te depara alguna sorpresa. Lo primero que veo en el cielo es sobrevolar el dosel de melojos y claros a un milano negro (milvus migrans), que empieza con las primeras luces a buscarse el sustento. Al poco de empezar a andar escucho el kuik kuik kuik kuik del azor (accipiter gentilis), como siempre es una sombra que desaparece de la zona con vuelo bajo entre algunos pinos pequeños, dejando ver la visible mancha blanca del comienzo de su cola. Es un fantasma del bosque, que sólo se permite la licencia de ser algo más ruidoso cuando tan sólo es un pollo y durante su vuelo nupcial a mediados de Abril. En lo alto de un brezo canta con voz potente un chochín (troglodytes troglodytes), especie que normalmente se mueve en la espesura de brezos y zarzales, pero que en estas fechas deja observar todo su poderío para un ave tan pequeña. Mientras le observo un mirlo común (turdus merula), abandona un endrino y vuela bajo hacia otro seto, como suelen hacer ellos echándome la bronca. El canto del zorzal charlo (turdus viscivorus), se escucha en las ramas altas de un pino y tras algunos minutos de búsqueda consigo dar con el autor de un canto potente y melodioso. Un mosquitero papialbo (phylloscopus bonelli), se acerca curioso a una rama sobre mí, me mira, reclama y continúa moviéndose inquieto por la ramillas. El tamborileo de un pico picapinos (dendrocopus major), resuena en el pinar, ganado al robledal, y observo a un macho, colgado casi boca arriba de la rama lateral muerta de un gran pino silvestre. Otro macho se acerca con su chak seco y metálico y tras una breve escaramuza y persecución pierdo a los dos combatientes en la espesura. Entre tanto nuevas especies se acercan a mi, así tras unos breves minutos caminando puedo observar herrerillos comunes (cyanistes caeruleus), carboneros comunes (parus major), un agateador común (certhia brachydactyla), que se empeña, como siempre, en interponer el tronco del árbol entre el y yo. En el tronco de un buen melojo, observo cabeza abajo, a un trepador azul (sitta europaea), que se mueve confiado, sin alertarse en demasía de mi presencia. Un pinzón vulgar (fringilla coelebs) canta desde la rama que se asoma a un claro. Sin entrar todavía en el claro y algo camuflado entre las ramas de un majuelo, observo un mosquitero muy amarillento, probablemente un mosquitero musical (phylloscopus trochilus), que estará de paso por estas tierras. Mientras,un cuco (cuculus canorus) canta no muy lejos de allí. Mientras tanto me acerco al lugar donde pueden estar mi próxima víctima. Se trata de un posadero diurno de un ave de madera, su camuflaje, su silueta y su quietud lo hacen pasar desapercibido y encontrarlo me cuesta mucho, sin embargo, y tras un rato repasando rama a rama del gran pino, encuentro hecho una bola y con los ojos cerrados al cárabo (strix aluco), aunque intento buscar algún lugar más cómodo para verlo, en el que no se entremezclen tantas ramas de por medio, no lo consigo y el cárabo abre los ojos para mirarme, sin mucho interés. Tras unos minutos observándolo con mis prismáticos continúo mi andadura por el margen del río, lo que me permite divisar un bonito mirlo acuático (cinclus cinclus), que al verme abandona siguiendo el curso del río. Me lo voy encontrando en repetidas ocasiones, hasta que decide que no sube más y me pasa a pocos metros en dirección a la zona donde lo vi por primera vez. En la orilla y sobre la rama de un pino un pájaro grande comienza a aletear para alejarse de mi presencia, se trata de una de las joyas que podemos ver en Valsaín sobre todo durante los pasos, se trata de la cigüeña negra (ciconia nigra), es un ave desconfiada y montaraz que pocas veces da opción a buena visión, la veo ciclear un poco sobre los pinos para perderse en dirección a la otra margen del río. Oigo primero a una corneja negra (corvus corone), que después veo en vuelo bajo sobre las copas y poco después es el arrendajo (garrulus glandarius), el que me sobresalta. Fácil de reconocer, por la mancha blanca de su obispillo, tiene un vuelo potente que hace que le pierda en pocos aleteos. Asciendo ahora una pesada cuesta, todavía en el dominio del robledal, despejada, sembrada de zarzales y pequeños setos de endrinos y majuelo, y sobre un zarzal descubro la mancha blanca que identifico como alcaudón común (lanius senator), lo observo durante un rato y puedo ver que se trata de una hembra pues su capirote anaranjado no alcanza la intensidad del de los machos en esta época. En el claro un águila calzada (aquila pennata), se mantiene posada sobre la rama de un pino. La observo durante largo tiempo y puedo ver que se trata de un ejemplar con morfo claro y de pequeño tamaño (probablemente un macho). Continúo mi marcha observando un milano real (milvus milvus), cicleando a baja altura por la ladera desnuda que se abre al mar de cultivos de la meseta. Dos palomas torcaces (columba palumbus), me sobrevuelan apresuradas y cambian su dirección al verme, como si desconfiaran de mi trípode escarmentadas de las esperas de los cazadores en sus pasos. Me siento sobre la hierba fresca en la pequeña ladera y observo los primeros buitres que en procesión van pasando por encima de mí que provienen seguro de su dormidero en el pinar, primero un buitre leonado (gyps fulvus), luego una pareja, tras más de una decena de leonados, por fin, veo un ejemplar de buitre negro (aegypius monachus), otra de las joyas del pinar. Parece un ejemplar joven, por el oscuro color de su plumaje y su cabeza aún recubierta de blanca borra. Vuelan bajo así que la visión resulta espectacular. Después de comer algunas nueces, continúo mi camino en busca de uno de los posaderos de la reina indiscutible de los Montes de Valsaín, el águila imperial ibérica (aquila adalberti), que sobre un pino seco, espera la salida de algún conejo de un vivar cercano. No obstante se muestra ahora perezosa y con el plumaje descolocado, lejos de la majestuosidad de otras ocasiones. Sonrío satisfecho por la visión pues debiera ser un orgullo para todos los que amamos estos montes saber que ya son tres parejas las que anidan en su interior. Aunque podría pasarme horas observando esta maravilla de águila, continúo mi camino y pronto una tarabilla europea (saxicola rubicola), se interpone en mi camino desde lo alto de un zarzal. Ante mi presencia suelta algunos tec, y posteriormente vuela hacia otra zarza no muy lejana. Mientras tanto una collalba gris (oenanthe oenanthe), se mueve arriba y abajo inquieta sobre una piedra, se trata de un bonito macho, que luce ahora sus mejores galas. Abandono el claro, donde tantas especies se han dejado ver, no sin antes observar un petirrojo (erithacus rubecula), que baja a beber en un lavajo de una pradera encharcada. A su lado sobre un espino cerval, se posa una alondra totovía (lullula arborea), con la ceja clara muy visible. Quitándole el sitio a un pequeño serín verdecillo (serinus serinus), que también estaba posado seguro que en busca del líquido elemento. Continúo mi andadura ahora por un espeso y cerrado pinar, entre los pimpollos que abarrotan una zona, se mueve un herrerillo capuchino (lophophanes cristatus), es un ave preciosa y bastante confiada que me deja observarla a placer. Me distrae la atención el sonido metálico de un papamoscas cerrojillo (ficedula hypoleuca), se trata de un macho de bonito plumaje, que rápidamente levanta el vuelo, sin dejarme, observar más sus detalles. Continúo por una estrecha senda que sube pendiente hacia la parte alta de una pequeña altura dentro del pinar. Mientras mi corazón cabalga asustado en mi pecho, pocas fuerzas me quedan para levantar los 600 gramos de los prismáticos y menos cuando un pájaro tan común aquí como el carbonero garrapinos (periparus ater) se me pone a tiro. Pero con un pulso sobresaltado a cada latido enchufo los gemelos a mi cara para observar el precioso pecho beige y la visible manchita blanca de su nuca. Tomo un poco de aire, y enfilo la última pendiente que parece ser la más dura y en unos minutos estoy arriba junto al pequeño refugio. Es hora de echarme al cuerpo unas almendras, mientras observo la pequeña construcción sentado en una roca. Apenas llevo unos minutos distraído por los excrementos que una garduña ha depositado sobre una roca contigua, cuando un pequeño grupito de piquituertos (loxia curvirostra) entran en escena. Parece que entre ellos hay machos hembras y algunos pollos. Los plumajes parecen desgastados, pero puedo observar con bastante precisión su pico torcido y su apariencia de pequeños loritos colicortos. Prosigo mi camino esta vez descendiendo la cuesta que antes casi me mata y esta vez con resuello aprovecho para ir mirando aquello que me encuentro. Alcanzo un prado bastante húmedo y sobre el trampal puedo observar dos ejemplares de verderón serrano (carduelis citrinella), que se mueven por el suelo capturando algo para comer y que no acierto a ver. Los verderones echan a volar, ante la presencia de unos caminantes que cortesmente me saludan.

 
   
 

Pico Picapinos (Dendrocopos major)

 
   
 

Durante mi camino observo un reyezuelo sencillo (regulus regulus) que se mueve en la parte alta de un pino mediano y un zorzal común (turdus philomelos), que desde el suelo del pinar levanta el vuelo. Tras media hora más de andadura, consigo llegar hasta el puerto, donde me encuentro con más senderistas, montañeros, ciclistas de montaña y demás gente de mal vivir. Alzo mi vista al cielo y veo cicleando alta, un águila culebrera (circaetus gallicus). Puedo observar su color blanquecino y el color más oscuro de su cabeza, tras unos minutos sobrevolando el puerto avanza en dirección noroeste y en pocos segundos la pierdo de vista. Una pareja de cuervos grandes (corvus corax) atraviesa también la zona, sin hacer el menor sonido, pero puedo observar sus rangos distintivos, cabeza alargada y cola cuneiforme. Resignado pues me queda otra dura subida hasta la parte alta, donde sólo jabinos y piornos se encuentran, comienzo a subir sin pensar demasiado en lo que aún me queda y en veinte minutos ya estoy coronando la parte alta del mar de piornos, que apenas deja un pequeño sendero. Durante mi penosa ascensión he podido ver acentores comúnes (prunella modularis), algunos cantando sobre el matorral y otros moviéndose inquietos por las zonas más densas. Cerca de un arroyo puedo descubrir un precioso macho de ruiseñor pechiazul (luscinia svecica), que se posa en la parte alta de un alto piorno junto al arroyo. Contemplo embobado su precioso pecho azul con la mancha blanca propia de esta subespecie, mientras el pájaro canta ensimismado. Los vencejos comunes (apus apus), sobrevuelan la zona en busca de alimento, así como un cernícalo vulgar (falco tinnunculus), que acaba posándose en un pequeño pino bandera. Sobre unas rocas un macho de colirrojo tizón (phoenicurus ochruros), otea nervioso. Sigo andando entre piornos y casi de mis pies acaba saliendo una codorniz común (coturnix coturnix), ave asustadiza y difícil de ver pero que esta vez he tenido la suerte de descubrir. Tras muchas horas de andaduras he llegado a mi meta, aún me quedan un par de horas de descenso, quizá algún corzo me amenice mi camino, quizá alguna otra especie alada, quizá las plantas del camino, quizá algún curioso insecto, dejo el bosque como me lo encontré y esa es mi gran satisfacción. Mi única pena abandonar mis adorados Montes de Valsaín.

 
   
 

Piornal

 
   
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